Web de Francisco Fernández González

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Valencia de Alcántara, un pueblo y su gente

Los Dólmenes de Valencia de Alcántara

El término de Valencia de Alcántara es una zona de importantes construcciones realizadas con grandes piedras (megalitos), los dólmenes. Los estudiosos del tema no se ponen de acuerdo en el número de dólmenes que han llegado hasta nuestros días, unos han catalogado 48 dólmenes en el término municipal, otros 41. En la Guía del Conjunto Megalítico de Valencia de Alcántara, realizada en 1992 por Francisco Bejarano González, gran estudioso y entusiasta del tema, indicaba que existían en esos momentos 40 dólmenes, habiendo desaparecido 15 de ellos. De esos 40 catalogados, 32 eran de granito y los 8 restantes de pizarra, ello confirma que el material que se empleaba en su construcción dependía del lugar donde el dolmen fuera levantado, predominando los de construcción granítica por ser muy habitual en esta zona. Esta zona fue declarada posteriormente bien Cultural con categoría de Zona Arqueológica.

La zona de dólmenes se prolonga hacia los municipios de Carbajo, Santiago de Alcántara y Cedillo, que sumados a los de esta villa, dan un total de 105 dólmenes catalogados. En esta web me voy a referir única y exclusivamente a los situados dentro del término municipal de Valencia de Alcántara.

Se estima la fecha de su construcción en torno al cuarto y tercer milenio antes de Cristo, por tanto, hay que hablar de los períodos Neolítico (Edad de Piedra reciente) y Calcolítico (Edad de Bronce), tiempo después de los primeros asentamientos humanos en esta zona, que se cree pudieron producirse en las diferentes fases del Paleolítico.

Los dólmenes de granito eran realizados con enormes piedras, que anteriormente tenían que pulir con los rudimentarios utensilios de que disponían en aquella época. Primeramente ensanchaban las fisuras existentes en la piedra con fuego y agua, hasta resquebrajarla, después la tallaban para obtener la forma apropiada y las trasladaban sobre troncos a modo de rodillo tirando con sogas. Estas grandes piedras u ortostatos se colocaban en fosas de cimentación, ayudados con cuñas, palancas y sogas, para después rellenar las fosas con piedras pequeñas y tierra, calzándolos de esa forma. Seguidamente se levantaba el túmulo a base de tierra y piedras, que servía para subir el ortostato superior que cubría el dolmen. Finalmente se cubría el conjunto con tierra, a la espera de colocar el cadáver, siguiendo el rito de la inhumación (consistente en depositar el cadáver sin haberlo sometido a ninguna operación post mortem), del ser o seres humanos para los que había sido destinado.

Los dólmenes eran, por tanto, monumentos funerarios donde se enterraban a los difuntos. Se introducían dentro de la cámara junto con sus ajuares, con el fin de llevarse estos a una trascendental vida posterior. Del estudio de los ajuares, se extrae la particular forma de vivir de estos asentamientos humanos, ya en esa época sedentarios. Estos ajuares estaban compuestos de diversos utensilios de la industria tallada (puntas triangulares, raspadores), adornos (cuentas de collar y colgantes), cerámicas, ídolos antropomorfos. Todo ello realizado con materiales de la zona, excepción hecha de algún adorno en azabache de procedencia salmantina o norteña.

Debido al mal estado de conservación de la mayoría de los dólmenes de la zona, no se puede garantizar su estructura, a excepción de los mejor conservados. A pesar de ello se pueden establecer tres tipos de dólmenes: de cámara simple, de cámara con corredor corto y de cámara con corredor largo.

 

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